Un libro sobre la emigración uruguaya

Esta entrada esta archivada bajo la categoría [ Clasificados, Noticias, Relatos ]

Hace unos días la escritora uruguaya Silvia Facal Santiago presento en la Sala Bauza de la Universidad Católica en Montevideo su último libro, titulado “Diario de campo de una emigración inconclusa”.
Este libro narra las vivencias de los uruguayos en España entre 1999 y 2008.
.
Analizando por primera vez, las vivencias de los uruguayos en España a través de fuentes estadísticas y sobre todo de la palabra de sus propios protagonistas.
.
La obra desvela la situación del Uruguay previa a la última oleada hacia España, los factores que provocaron y aún provocan esta sangría, la preparación del proyecto migratorio, la integración nuestros compatriotas en tierras españolas, los efectos positivos y negativos de esta emigración reciente, las secuelas psicológicos y la reinvención de una nueva identidad o identidades.
.
También se muestra la realidad que viven los uruguayos apenas conocida en nuestro país cayendo con ello muchos de los mitos de la vida de los inmigrantes en el Primer Mundo y de las “mentiras” que, consciente o inconscientemente, algunos de ellos transmiten a quienes se quedan en el “paisito”.

.
Historias de vida de los protagonistas y el destierro de algunos mitos que se generan sobre la vida en el Primer Mundo.

.
.
A continuación ofrecemos un extracto de esta obra.
.
Introducción

“Emigrante
No creas que esta será tu tierra,
aquí serás siempre un emigrante
aún para quien te extiende la mano,
en fraterno gesto de amistad.
Desde tierras exóticas,
desde un mundo distinto
donde dejaste parte de tu corazón,
arrastras el nombre universal: emigrante.
Cruzamos fronteras, buscando apenas algo
a cambio de mucho más, ahora aquí,
ahora nosotros, hijos de la América abierta
en canales de desesperanza,
Tan solo una palabra: emigrante.
Dolorosos apodo, ayer, hoy, negación de patria,
extrañas, diferentes costumbres,
un mate, un lamento andino
Tan solo una palabra: emigrante…”

(Graciela Vera, periodista emigrada a España).

.
Para bien o para mal nos ha tocado nacer en un país que casi nadie conoce en el cual parte de su historia se escribió con sangre. De ser esa mítica “Suiza de América” pasamos a ser simplemente ese pequeño rincón del Cono Sur de América más conocido por ser un punto en la ruta de los narcotraficantes o del lavado internacional del dinero que por la cualidad de quines aquí nacen o se crían. Nos creíamos los campeones de las libertades hasta que en 1973 un golpe de estado nos hizo ver que aquí también se podían cometer todo tipo de abusos y de violaciones de los derechos fundamentales como la vida y a no sufrir tortura. Nos despertamos de la pesadilla, de la cual muchos compatriotas habían huido hacia lugares en los cuales su dignidad humana no fuera atropellada, casi doce años después con muchas esperanzas y nuevas ilusiones. Queríamos creer que nuestro paisito podría resurgir como el ave fénix, pero una vez más la realidad nos superó enseñándonos que aquella “Suiza de América” fue tan solo una ilusión y que formamos parte de esa América condenada a la dependencia que ha llevado a muchos a buscar fuera lo que no logran en su propia tierra.
Actualmente, los uruguayos vivimos una especie de crisis existencial de la cual no hemos aún logrado recuperarnos. ¿Qué nos queda entonces? Las respuestas pueden ser variadas pero podemos resumirlas fundamentalmente en dos: “lucharla” como aseveran muchos compatriotas “porque ya vendrán tiempos mejores”, y en esa lucha seguimos día tras día y noche tras noche, pensando simplemente en cómo llegar a fin de mes. Pero otros creen, en algún momento de sus vidas, que tomando una valija y cargándola de ilusiones encontraremos un destino en el cual lograremos hacer realidad nuestros sueños y la palabra esperanza no se convierta en desesperanza. Más de 600.000 uruguayos a partir de la década del sesenta hasta la actualidad se han dejado llevar por esta última creencia y han llegado a forjar una nueva vida lejos de la patria dejada pero no olvidada. Otros 120.000, aproximadamente, lo intentaron también, pero la nostalgia o incluso el hecho de no encontrar lo que buscaban los trajo de nuevo a casa, eso sí con una mentalidad muy diferente, porque quien emigra nunca vuelve a ser el mismo.
Consciente de esta realidad desde el mismo momento de mi nacimiento, la convulsionada década de 1970, me planteé en más de una ocasión “arrojar la toalla” como se dice comúnmente y marcharme lejos de aquí. Así lo hice, un buen día tomé un avión y me dirigí hacia a España buscando, al igual que otros 90.000 compatriotas, aproximadamente, nuevos aires escudándome en los estudios. Allí viví momentos memorables y también angustiosos. La vida del emigrante no es fácil. La emigración debe ser una de las experiencias más terribles que pueda vivir una persona, porque uno parece estar condenado a no estar ni en un lugar ni en el otro. Regresé como hicieron tantos por la nostalgia de la tierra que me vio nacer y por la familia. Pero quien regresó ya no era la misma que quien partió. Aprendí a conocer la realidad de nuestro país con otros ojos y a valorar muchas cosas que aquí tenemos que antes no me parecían importantes.
Antes de mi retorno a casa me tocó vivir los efectos de la crisis de 2002 en tierra extraña. Y digo esto, porque cuando finalicé mis estudios y tomé la decisión de regresar empecé a conocer de cerca la realidad de muchos uruguayos que sufrieron en primera persona esa crisis brutal que significó para ellos un nuevo quiebre de ilusiones. Todo empezó un día de noviembre de 2003, cuando, desde la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, en donde estaba realizando mi master en Inmigración, me informaron de la eminente realización de las prácticas en un centro de atención a inmigrantes. Debía concurrir durante dos semanas a un centro de Cáritas en la ciudad de Santiago de Compostela, lugar en el cual me encontraba en ese momento de forma circunstancial. Llegué un día por la tarde, con una carta de la universidad y me presenté. Hablé con el encargado y al comentarle que era uruguaya, me dijo que podría ser de mucho apoyo, porque la gran mayoría de los inmigrantes que concurrían continuamente en busca de ayuda eran uruguayos. Me sorprendí ante tal información. En los casi siete años transcurridos en la ciudad del apóstol Santiago, apenas dos veces me había cruzado con compatriotas y ahora me estaban diciendo que un buen número de ellos se encontraban pululando por sus calles y centros de ayuda.
Comencé mis prácticas un lunes por la tarde y comprobé con mis propios ojos esta nueva realidad. Había un ir y venir constante de los nuestros, buscando soluciones a sus problemas de indocumentación, de falta de trabajo, de vivienda y comida, e incluso de desarraigo y tristeza. Al enterarse de mi presencia, venían a saludarme y de una forma natural me contaban sus historias en España, más de tristezas que de alegrías. El hecho de escucharlos ejercía como una especie de catarsis, pues liberaban sus frustraciones con una desconocida que tal vez podría entender mejor, porque provenía del mismo país y conocía todo lo allí ocurrido durante el último año.
Llegó el día de la despedida y las tristezas asomaron por ambas partes: ellos porque yo volvía a la tierra de la cual se sentían expulsados y yo porque los dejaba ahí, sin saber cómo transcurrirían sus vidas en esta tierra de eterna belleza reflejada en los adoquines mojados por la lluvia.
Cuando regresé a Uruguay su recuerdo no me abandonaba, así que decidí hacer algo al respecto. Comencé a informarme más de lo ocurrido en nuestro país tras la crisis de 2002 y descubrí como un buen número de compatriotas habían decidido emigrar hacia España buscando una vida más digna. Hablé con Joaquín, un profesor de la Universidad de Comillas y le comenté todo lo que estaba ocurriendo en mi país. Me sugirió que redactara un proyecto de investigación sobre esta emigración reciente de uruguayos hacia la madre patria y que comenzara a golpear puertas para ver quién estaba interesado en su realización. Debo confesar con cierta amargura, que las puertas tocadas en Uruguay se fueron cerrando unas tras otras. Sólo una se abrió y gracias a ella volví a España para conocer con más profundidad todos los pormenores sobre las causas que trajeron a nuestros compatriotas a este país y sobre sus vidas aquí, las de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Durante mi año de estadía en tierras españolas conocí de primera mano la emigración de nuestros compatriotas, plagada de mitos y verdades, a través no sólo de sus propias palabras sino también de quienes han compartido con ellos sus experiencias migratorias y también de las voces de sus familiares y amigos que permanecieron y aún permanecen en el Uruguay de sus sueños. Luego de realizar muchas entrevistas acá y allá, de ser testigo de grupos de discusión y de pensar y repensar mil veces cada una de las experiencias, me animé a traducir en palabras lo que había vivido. Ninguno de los entrevistados es un número más para mí, porque recuerdo cada rostro y experiencia de vida relatada ante mi grabadora o cámara de vídeo.[1]
Ahora les voy a contar una historia real[2] de una de esas tantas familias uruguayas que un día debieron tomar el camino de la emigración hacia la madre patria haciendo, muchos de ellos, el camino inverso de sus antepasados.
Laura nació en una hermosa ciudad del interior del país donde creció, conoció a Jorge con quien se casó, tuvo un hijo y comenzó a labrar una nueva vida. Ella trabajaba en un hiper supermercado y él era empleado público. Llegaron a tener casa y hasta dos autos y dos motos. Sin embargo, como dice el viejo dicho “no es oro todo lo que reluce”; llegó un momento en que las deudas se hicieron impagables y desvaneciéndose su pequeño mundo la idea de buscar nuevos horizontes se hizo presente en sus vidas.
Jorge tomó una valija y allí empacó un mínimo de pertenencias. Corría el año 2001 y su suerte lo llevó hasta Madrid. Empero, las cosas no le fueron tan bien. En su calidad de “turista” se encontró que el acceso al mercado laboral se le tornaba muy difícil. Los pocos días que residió en la capital española los compartió en una pensión con otros inmigrantes mayoritariamente chinos y ecuatorianos. Finalmente, decidió volver y con tal mala suerte que en el trayecto hacia el aeropuerto le robaron todo el dinero que llevaba. Logró salvar el pasaporte y el pasaje porque los llevaba en otro bolsillo. Una vez tomó el avión se dijo a sí mismo: “no vuelvo nunca más a España”. Pero no cumplió su promesa, porque al año siguiente, el de la crisis, regresaría ahora con su familia. No obstante, el destino escogido sería un hermoso pueblo costero del mediterráneo catalán. Allí Jorge tenía un conocido. Se quedaron dos días en su casa y luego alquilaron un apartamento pagando por adelantado un año del alquiler con parte del dinero obtenido de la venta de su casa. De otra forma hubiera sido muy difícil para ellos alquilar tan pronto ya que tenían dos cosas en contra: ser “sudacas” y no tener papeles.
Pasaron tres meses y ni él ni Laura encontraron trabajo a pesar de buscar durante todo el día. Ese es el problema de los pueblos del Mediterráneo, hay mucho en la temporada de verano y después nada. Por las noches Laura repartía volantes ofreciendo los servicios de electricista de su marido. Al tiempo llamó una de las personas que se había llevado a su casa un volante y Jorge trabajó con él un año y medio. Laura logró ubicarse en una panadería. Entretanto, quedó embarazada. Parecía hacerse realidad el deseo de tener la parejita. Pero la dicha plena no cristalizó en esta familia. La bebé murió en el hospital, según les dijeron de muerte súbita. En realidad lo hizo por tragar líquido amniótico, debido a un error médico. Sus vidas nuevamente se desmoronaron. La más extrema tristeza y el dolor se hicieron presentes. Por si fuera poco Laura agarró una infección en el CTI y casi muere. Al mismo tiempo Jorge perdió su empleo porque pasaba largas horas cuidando a Laura. La situación económica se les hizo tan insostenible que en un determinado momento no tenían dinero ni para comprar los medicamentos que ella necesitaba. El funeral de la pequeña lo ayudaron a pagar unos amigos. El dueño del apartamento no les cobró el alquiler de un mes. Pero a pesar de estas ayudas puntuales como bien dice Jorge en Uruguay sin dinero “podés ir tirando porque siempre tenés a un vecino o un familiar que te presta cosas, pero aquí nada”.
Al poco tiempo, Jorge consiguió un nuevo trabajo. Laura no volvió al suyo porque la pena no se lo permitía. Tardó un año en recuperarse, en parte, del dolor. A pesar de todo, de a poco comenzaron a recompaginar sus vidas. Laura volvió a su antiguo empleo. Actualmente, están pagando la hipoteca de la casa en la cual viven y en la que compartieron conmigo su triste historia migratoria. Aquí hacen el asado –comprado en la misma carnicería a la que iba Ferreira Aldunate mientras vivía allí– en la parrilla que hizo Jorge, toman mate y rememoran el país que dejaron. Su vida se centra ahora en el trabajo y la casa. En Uruguay, me contaban, salían más, eran más sociables… Se justifican diciendo que no hacen lo mismo porque no sienten a España como algo suyo. A su hijo le ocurre otro tanto hasta llegar al grado de no haberse integrado ni siquiera en el colegio; no tiene amigos y aún conserva el habla rioplatense.
Muchos vecinos y amigos han querido imitar sus pasos e irse también para España pero ellos siempre le cantan la justa y más de uno se ha decepcionado. Laura lo resumen muy bien en una frase: “no hay que creer que uno aquí viene y se llena de oro, hay que llorar mucho y aguantar mucho más”.
El recuerdo de todo estos uruguayos emigrados que conocí en España, de sus circunstancias de salida del país, –ya fuera escapando de la crisis o de las frustraciones, buscando aventuras, tranquilidad o una mayor libertad, o siguiendo a su amor o a su familia–, de su vida en España –buenas y malas experiencias–, me acompañarán toda la vida. Deseo, desde lo más profundo de mi corazón, que sus historias tengan un final feliz. Como decía hoy, emigrar es una de las experiencias más duras que un ser humano puede vivir; espero que algún día puedan reencontrarse, sin rencores, con un país lleno de esperanzas, como el que todos anhelamos, estemos donde estemos.

.
NOTAS DEL AUTOR:
[1] Para la realización de este trabajo opté por una metodología mixta. La parte cuantitativa se basó, fundamentalmente en la consulta y utilización de fuentes estadísticas secundarias publicadas tanto en Uruguay como en España, y la cualitativa en la realización de dos tipos de entrevistas; unas de cuestionario, con preguntas estandarizadas, realizadas a un total de 198 uruguayos emigrados a España entre 1999 y 2008 (actualmente residiendo en este país) cuyas respuestas no se pueden generalizar al resto de los inmigrantes uruguayos porque se trata de una muestra no probabilística, 52 a emigrantes retornados a Uruguay durante el mismo período, 102 a sus familiares, amigos y conocidos en Uruguay y 100 a españoles para conocer su opinión con respecto a nuestros compatriotas; un segundo tipo de entrevistas fueron realizadas en profundidad, con preguntas previamente elaboradas y algunas surgidas sobre la marcha, a un total de 113 personas en las circunstancias anteriormente descriptas y también a otros inmigrantes. Al mismo tiempo organicé siete grupos de discusión (participaron de los mismos 31 personas) y llené un cuaderno de campo con mis observaciones.
[2] Los nombres utilizados son ficticios pero los hechos narrados son reales.
.

Silvia Facal Santiago

.
Nació en Montevideo en la convulsionada década de los 70.

Se licenció en Historia.

Además, es Máster en Inmigración por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.

Se doctoró en Historia por la Universidad de Santiago de Compostela y obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado de la Facultad de Geografía e Historia con su tesis doctoral: “Refugiados judíos alemanes en Uruguay”.
.
Impartió clases en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela y en el Instituto Universitario CLAEH del Uruguay.

Participó en Jornadas científicas y Congresos celebrados en Alemania, Chile, España, Portugal, Rusia y Uruguay, tanto en sus Comisiones organizadoras como presentando ponencias o dictando conferencias magistrales.

Formó parte de diversos proyectos de investigación durante su estadía en la Universidad de Santiago de Compostela y el Arquivo da Emigración Galega y en la UCADAL.

Realizó varias estadías de investigación becada por diferentes organismos internacionales.

Fruto de su última estadía en España, financiada por la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional), es el trabajo que aquí publicamos.
.
Tiene también varios trabajos publicados en revistas científicas internacionales y participó también en obras colectivas con interesantes artículos sobre la temática de las migraciones.

Su última obra en solitario, que participó como finalista en la categoría no ficción del premio Bartolomé Hidalgo de 2006, y obtuvo una mención honorífica en los premios del Ministerio de Educación y Cultura de 2008 es “Auf Wiedersehen Deutschland, Shalom Uruguay. Vida de los judíos alemanes en Uruguay”.
.
Actualmente se desempeña como docente e investigadora en la Universidad Católica del Uruguay, en la UDE y en la Universidad de Montevideo.

.
Fuente: Elaleph

.

Los libros de Silvia Facal pueden encontrarse:

.


Libreria Puro Verso

Dirección: 18 de julio 1199 esq. Cuareim - Montevideo - Uruguay
Teléfono: 00 598 2 901 64 29
E-mail: puroverso@adinet.com.uy

.

Corazón del Sur

Dirección: Plaza Fabini (del Entrevero) s/n Av. 18 de Julio entre Julio Herrera y Obes y Río Negro - Montevideo - Uruguay
Teléfono: 00 598 2 901 17 14
E-mails: info@corazonalsur.com.uy y cartelera@corazonalsur.com.uy

.

Elaleph.Com

.

.

No hay temas relacionados.

Vos podés seguir las respuestas a esta entrada a través RSS 2.0 feed. Vos podés dejar una respuesta, o un trackback desde tu propio blog.

7 Comentarios on “Un libro sobre la emigración uruguaya”

  • zully
    26 November, 2009, 7:17

    pregunta: ya esta a la venta? me interesa muchisimo leerlo, y como no viajo a uruguay !!por ahora ,ver si alguien de mi familia alli me lo compra y me lo mandan ,,?
    gracias

  • 26 November, 2009, 13:47

    Zully en España se puede comprar AQUI. Un saludo

  • 27 November, 2009, 23:29

    Apriori parece ser un buen trabajo, que recoge datos estadísticos, e información de primera mano, ¡éxitos con el libro!.

    Quería añadir que no todos emigran por los mismos motivos, y si bien al principio siempre se pasan dificultades, la experiencia no tiene por que ser traumática, también se aprende y se crece, y se ve la vida y el Uruguay con otros ojos, si hay algo en común que tienen los emigrantes que se integran y les termina yendo bien, es que lo hicieron por necesidad, y convencidos que esa era su mejor opción, y su salida, los que “quemaron sus barcas”, y se hicieron su lugar en la nueva sociedad sin mirar atrás…

  • zully
    27 November, 2009, 23:51

    gracias Nicolas ! por respondermey hasta otro momento
    saludos

  • Margarita
    29 November, 2009, 16:21

    Interesante, me encantaria leerlo.

  • Miriam
    9 January, 2010, 23:34

    alguien me podria decir donde se puede comprar aqui en españa

  • 9 January, 2010, 23:42

    Miriam, como esta en la información y en España se puede comprar AQUI. 14,97 € + gastos de envios. Un saludo

Deja tu comentario