Mi Perro Kimba por Ramón Ciuca
Un ser maravilloso - Breve historia de un gran amigo….
El 8 de abril de 1998 una perrita de unos vecinos, da a luz cinco hermosos cachorros de raza Schaunner, que personalmente no la conocía. Luego me enteré de que proviene de Alemania.
Hacia 18 años que se nos había muerto Lassie, una perra Ovejero que me acompañó en mi niñez, y el golpe había sido duro. No queríamos tener más perros, pues uno se encariña demasiado.
Pero la hija de estos vecinos insistió tanto, que nos quedamos con uno al cual
le pusimos de nombre Kimba, como el leoncito blanco de la serie de dibujos animados.
Por ese entonces, aún residíamos en Montevideo, y veníamos a Lagomar para estar dos o tres días a la semana. En dicho periodo, Kimba dormía adentro de casa, acostumbrándose a no hacer ninguna necesidad. Cuando tenia ganas, despertaba a mi padre (aún lo hace) a fin de que le abra la puerta.
Es así cómo de a poco nos fuimos quedando en Lagomar, en parte porque ese era mi deseo desde hacia tiempo, y en parte por Kimba.
Con los meses, él y yo fuimos creando un vínculo muy importante, al punto tal de que yo sostengo que es más que un perro. Todas las mañanas se sube a mi cama, me da los buenos días con un montón de besos (lengüetazos) que son el amor más puro. Una vez que mi madre me vistió, va hasta donde esté mi padre a fin de avisarle que ya me puede poner en la silla de ruedas. Una vez que hemos finalizado el desayuno, mi padre le pone en un recipiente leche con café. Pero es en ese momento cuando se hace “rogar” como los chiquilines chicos. Gracias a la paciencia de mi madre que le hace mil y un juegos, logra que se la tome, tras lo cual mi padre le lava la boca con agua caliente en Invierno.
Luego, si el día está lindo, salimos al fondo de casa. Él corretea, va y viene, pero siempre atento a mi. Se pone a mi lado, me mira con sus ojos marrones como preguntando si necesito algo. Cuando estornudo de inmediato viene a ver si me sucede algo. Durante las tardes en que estoy frente al PC, él se pone debajo de la mesa donde tiene una colchoneta y una almohada. En general posee dos colchonetas hechas por mi tía, a quien cuando vé se desespera por saludarla, por darle besos.
Sinceramente nunca vi un ser como Kimba. A la hora de la cena se le prepara un suculento churrasco (carne) que come de manera delicada. Pero antes de cenar “habla”. Si, a su manera lo hace dándonos ruidosos discursos. Por lo general, cenamos a las 19:30 de Uruguay, y si yo estoy en el PC me viene a buscar como diciéndome, “Bueno, a cenar” y debo ir. En medio de la cena nos pide dos galletas, y sigue cenando. Abre las puertas él solo, entra, sale, va y viene… Que más puedo decir de Kimba,
¡Que es un ser excepcional! y que estará conmigo por siempre.
El día 12 de agosto del 2007 dejó de existir físicamente, pero sus lengüetazas, su alegría y su cariño perdurarán para siempre.

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