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El Carnaval Es Uruguayo - Con Raíces Afro y Española

El carnaval uruguayo es el más largo del mundo. Celebrado en febrero tiene la previa de enero y la yapa en marzo. Interesante mirada a una fiesta popular de larga tradición que se renueva año a año. 

En ese panorama, la “Llamada” es el acontecimiento ineludible. Proviene de los negros, cuando esclavos usaban los días de descanso, especialmente el 6 de enero, para “llamar”, mediante un cuerno, a los que eran de sus tribus africanas originales. Reencontrados, festejaban al son de los tambores y el baile del candombe.

 

La Llamada actual es el desfile de unos 120 conjuntos que al ritmo de los tambores –chico, repique, piano, bombo- son encabezados por los portabanderas cuyos colores identifican sus orígenes, Kenia, Senegal, Biafra. Lo siguen el “escobillero”, el joven que hace malabares con un palo; la Mama Vieja que ironiza a las “señoras” de aquel entonces, el curandero –“gramillero”- portando el botiquín del doctor blanco, pero con sus yuyos tribales; los cuerpos de baile junto a los estandartes con símbolos del imaginario africano y las cuerdas, los grupos de tambores.

 

Espectáculo multitudinario realizado en el centro de la ciudad, no en la avenida principal, “la 18”, sino en “la Flores”, de rica tradición afro y resistencia ciudadana. Es organizado por la Municipalidad de Montevideo, quien coloca sillas en las veredas que, para usarlas, hay que comprar entradas “numeradas”.

 

Un mes antes las casas de “la Flores” ya tienen alquilados sus balcones y terrazas para que la gente vea mejor el desfile, al mismo tiempo que se les provee algún asado, sándwiches, tortas, bebidas, el uso de los baños y también la cocina… para calentar el agua para el mate porque el desfile comienza a las nueve de la noche y finaliza allá por las seis de la mañana.

 

El recién llegado a Uruguay, junto con su pareja amiga que vinieron del otro lado del río para conocer el carnaval, optaron por las sillas. Desde el borde del cordón de la vereda ven pasar un conjunto tras otro. Pronto dejan de interesarse si las banderas que flamean sobre sus cabezas tienen 40, 50, 60 metros, porque todas parecen de 100 y se incorporan al rito comunitario de tocarlas, como si de esa forma se metieran en la vida afro.

 

Las cuerdas de tambores, unos 60 por comparsa, repicados por tamborileros y tamborileras inundan de sones la mente, las venas, las arterias y el corazón de los novatos carnavaleros que se resisten a creer que esa mujer, que con tanto poder toca el tambor en el conjunto que pasó a las tres de la madrugada, era la Ministra de Salud.

 

Si “la Flores” tiene ingredientes míticos, el “Teatro de Verano” va camino de conquistarlo. Anfiteatro al aire libre, enclavado entre dos cuchillas, a espaldas del río, es el espacio donde se desarrolla la competencia de los grupos de Humor, Parodistas, Lubolos –expresión afro compuesta por negros y blancos pintados de negros- y las Murgas, originadas en los inmigrantes de Cádiz, plato apetecido del concurso celebrado en tres series de complicado y severo puntaje.

 

El recién instalado en la ciudad y su pareja amiga, conocían algo de ese espectáculo pues habían ido a algunos de los “tablados” barriales, donde los conjuntos se presentan, de lunes a domingo, en versión reducida. En tiempos idos el almacenero, el carnicero, el verdulero se ponían con algunos pesos para armar, con maderas, un “tablado” en la esquina del barrio y allí participaban las murgas y otros conjuntos. Ahora se hace en los clubes, Malvín, Tres Cruces, Sporting, pero en cada febrero no se va al “Club” sino “al Tablado”.

 

El canto, el diálogo, los gestos, las vestimentas, la puesta en escena son los elementos de comunicación de la murga El todo tiene un estricto sentido direccional dado por un tema. En 2006 fueron la Duda, la Muerte, el Fin del siglo, entre otros similares. El ya menos extranjero no deja que el asombro lo paralice. Investiga el porque de esas temáticas. Los responsables le citan a Kant. Sartre, Marx, Benedetti, Galeano y le explican que todo eso debe engarzarse en la realidad uruguaya.

 

“Ah, no es solo un juego de divertimento”, exclama. “Que va -le dicen- es la vida, donde la alegría esta presente, pero si no pescas lo que siente y vive la gente regás fuera de la maceta” Cierto, suelen utilizar otra expresión parecida a la de regar, pero están acostumbrados a afilar el lenguaje, insinuar, dejar la pelota picando, aplicar la ironía, hablar por el gesto, introducir el tambor, escenificar con arte y sabiduría, para colocar certeramente su mensaje ético, político, social y también, subliminalmente o sin darse cuenta, el religioso.

 

“Agarrate Catalina”, la ganadora del 2005 y 2006, introduce himnología eclesiástica, como los negros espirituales, “Caminemos Compañeros”, en 2004; “In Excelsis Deo” “Tengo un amigo que me ama” en 2005, “Pescadores de hombres”, 2006, junto a canciones campamenteras como “La Bela Polenta”, “El perro de mi tío”, “Caminemos compañero”.

 

Podrá alegarse que los promotores de la Catalina, “los Cardozos”, Yamandú, su creador y Director Responsable; Tabaré, Director Escénico y Musical, y Martín, el de los “cuplés”, son hijos de un pastor metodista, Hebe Cardozo y su esposa Blanca Cornejo y que por lo tanto cabe las menciones.

 

Sin embargo Yamandú, el Director, en una entrevista a la revista Metodista explica que “no lo hacemos a propósito, sentimos que tiene que ir esa música allí, como otras en otros lugares y la colocamos, lo llevamos adentro y nos sale”.

 

Ese aflorar de preguntas sobre la vida, con tintes religiosos, está también en los lubólos, en los parodistas y en otras murgas.

 

Una de ellas, “Queso Magro” - ¿título irónico sobre la levedad del ser? -, en el 2006, se desafió con el tema de la Muerte. Fácil de tratar burdamente. Sin embargo idearon una brillante puesta en escena donde, entre ironía, humor y plasticidad actoral, plantean preguntas y sugerencias profundas. Así, en el mejor couplé del 2006, el del cigarrillo, delirante, con trasfondo consciente o inconsciente de García Márquez, levanta de los asientos al público que aplaude a rabiar, al verse reflejados en su problemática de la vida cotidiana en esa desopilante presentación escénica. El divertimento es el ingrediente que posibilita el mensaje.

 

Raíces afros y españolas, una desde la esclavitud, la otra desde la inmigración, se conjugan en la historia ciudadana de Uruguay. Los sones y los gestos, las vestimentas y el canto se componen de átomos y protones que vienen de la lucha obrera de los frigoríficos, de los combates por la vida digna, de la resistencia a la Dictadura, de las preguntas sobre la vida.

 

La obligada profesionalización que engendra espectáculos de alta calidad artística no los aparta de sus raíces ni de su relación con el pueblo. Caminan hacia el soñado futuro de justicia, vida digna, sin perder la alegría y el festejo, porque como canta la Catalina con vestigios del Apocalipsis bíblico “Hay otro mundo tras el mundo/ otra ciudad tras la ciudad/ donde una antigua claridad/vuelve a brillar/en cada nuevo carnaval”.

 

Con raíces afros y españolas, el carnaval es una larga mateada uruguaya.

 

Extraído de: Argenpress / Aníbal Sicardi - VIDA ABUNDANTE

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