Oct 29
Datos Sociológicos de la Emigración a Uruguay
La inmigración española a Latinoamérica durante el período 1946-1958 constituye el capítulo final de la emigración a este continente que comenzó en el XIX y tuvo su momento álgido en el siglo XX. La tradición emigratoria española al Uruguay hunde sus raíces en el tiempo. Uruguay fue una colonia española desde el siglo XVII y hasta la primera parte del XIX, bajo el nombre de Banda Oriental, dependiente del Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires, desde 1776. Se trataba de un territorio semivacío, de importancia estratégica como frontera con la poderosa influencia lusa ejercida desde Brasil. Sólo el puerto comercial de Montevideo tenía interés económico para la corona española. La Constitución de Uruguay se aprobó en 1830, siendo uno de los principales objetivos de la élite gobernante la construcción de un Estado a partir de un vasto país de 187.000 km² casi vacío, con una población de 74.000 habitantes (1830) y una capitalidad, Montevideo, donde se concentraba la mayoría de la población.
Ya desde mediados de siglo se proclamaron diversas leyes y se constituyeron instituciones diversas para el estímulo y patrocinio de la llegada y establecimiento de inmigrantes en el país, así como para su protección, incluyendo algunos derechos políticos. Para 1853, Uruguay contaba ya con una comunidad española migrante lo suficientemente numerosa y activa como para constituir la primera Asociación Española de Socorros Mutuos en territorio latinoamericano, inaugurando un modelo de prestación y cobertura social que tan hondas consecuencias habría de tener para tantos países del continente.
Si al principio la mayoría de las familias se establecían como colonos agrícolas y ganaderos, ya a fines de siglo Montevideo y su área portuaria constituyen el mayor foco de atracción para los migrantes españoles, iniciando una tendencia que se consolidará a lo largo del siguiente siglo. Si las políticas migratorias iniciales tenían un sentido de repoblamiento, lo cierto es que el temprano desarrollo industrial del país requería de suficientes trabajadores para constituir una infraestructura productiva suficiente. La construcción del Estado moderno y liberal propugnado por el régimen de J. Batlle exigía la disponibilidad de suficiente mano de obra. Modernidad e Inmigración fueron dos procesos que caminaron juntos en la construcción del Uruguay durante estos dos siglos.
La inmigración española tuvo su momento álgido entre 1907-1912 y 1919-1931, siendo que, comparados con otros lugares de procedencia (Italia, Siria, Líbano, Turquía, judíos centroeuropeos, rusos, polacos, británicos), los españoles siempre son mayoría.
El contexto para la emigración
Después de la práctica interrupción de la emigración española transoceánica entre 1936 y 1945, a partir de 1946 se reanuda la corriente migratoria hacia el continente latinoamericano. El contexto sociohistórico para que estos españoles abandonen su país durante el período de 1946-1958 es el de una España principalmente agraria, bajo la dictadura política del régimen de Franco, aislada política y económicamente de Europa. Además, también hay que tener en cuenta la fuerte impronta de la migración masiva anterior y su poder de llamada. Este período reabre la tradición migratoria española, aunque con intensidad disminuida, reactivando las redes migratorias previas inactivas durante la guerra civil española y la segunda guerra mundial. Tres son los principales destinos: las ciudades españolas, algunos países latinoamericanos en claro despegue económico y con tradición de acogida precedente –Argentina, Venezuela, Brasil y Uruguay– y, después, los países industriales europeos (Alemania, Reino Unido, Suiza, Francia).
La cantidad de personas en cuestión no es elevada demográficamente hablando, pero, como veremos, representa un caso de estudio digno de atención. Como dijimos, representan la nacionalidad mayoritaria de migrantes al Uruguay durante este período. He aquí algunos datos.
Evolución anual del movimiento migratorio español a Uruguay. 1946-1958
AÑO EMIGRACIÓN RETORNO SALDO
1946 131 34 -97
1947 294 92 -202
1948 386 167 -219
1949 926 163 -763
1950 1.618 258 -1.306
1951 2.737 459 -2.278
1952 4.707 581 -4.126
1953 3.888 1.005 -2.883
1954 3.824 1.163 -2.661
1955 6.050 1.245 -4.805
1956 4.850 1.607 -3.243
1957 4.611 1.502 -3.109
1958 3.021 1.619 -1.402
TOTALES 37.043 9.895 -27.148
Vemos que 1955 es el año punta, descendiendo a partir de entonces, en directa relación con la evolución de las condiciones socioeconómicas del país y otros factores internos de la propia España. El total de emigrantes durante este período asciende a 37.043 personas.
Las razones por las que Uruguay atrajo a los españoles durante este período de 1940-1960 son diversas. Uruguay era entonces un país en desarrollo con una pujante economía basada principalmente en la agricultura y el ganado. Argentina y Uruguay eran los principales proveedores de grano y carne para una Europa devastada por la guerra, así como para los Estados Unidos, enredados en su guerra con Corea, lo que en términos de divisas permitió la distribución de la riqueza hacia otros sectores de actividad, principalmente el terciario. Pero también Uruguay había desarrollado el sector secundario, pues el Censo Industrial de 1936 hablaba de aproximadamente 100.000 personas trabajando en la industria.
Durante esta época, un consolidado y fuerte sector agrícola está en la base del desarrollo del sector industrial. Aunque se comienza a percibir una fuerte emigración rural hacia las ciudades, esto no es suficiente para satisfacer la demanda de trabajadores que contribuyan al proceso de modernización de infraestructuras del país. Varias leyes se dictaron entre 1947 y 1954 para organizar y fomentar la llegada de nuevos inmigrantes que ocuparan los puestos vacíos en el sector industrial y de servicios. Además, el Uruguay del período neobatllista (1946-1958) vivía en una democracia estable, con un buen sistema de bienestar social y una clase obrera fuerte y bien organizada. El mito de la ‘Suiza americana’ caló hondo en las miras de posibles migrantes españoles y, sobre todo, el tirón de la generación precedente, que con sus cartas ‘de llamada’ facilitaron el acceso a los nuevos al país.
Veamos la siguiente tabla, que representa a 15.478 emigrantes que describen su actividad de los 37.043 que podemos contabilizar para el período 1946-1958. Las cantidades son absolutas y en porcentajes:
Sectores de actividad de los emigrantes españoles al Uruguay
AÑO
Agricultura Industria Comercio Liberal Otros Totales
1946
20(39,2) 7(13,7) 12(23,5) 3(5,9) 9(17,6) 51(100)
1947
61(45,2) 25(18,5) 32(23,7) 3(2,2) 14(10,4) 135(100)
1948
87(43,1) 50(24,8) 52(25,7) 1(0,5) 12(5,9) 202(100)
1949
234(53,4) 146(33,3) 53(12,1) 4(0,9) 1(0,2) 438(100)
1950
417(52,9) 263(33,4) 75(9,5) 15(1,9) 18(2,3) 788(100)
1951
853(62,7) 388(28,5) 89(6,5) 14(1,0) 16(1,2) 1.360(100)
1952
1.365(60,1) 622(28,5) 227(10) 15(0,7) 43(1,9) 2.272(100)
1953
832(52,8) 449(28,5) 224(14,2) 23(1,5) 49(3,1) 1.577(100)
1954
718(47,7) 410(27,2) 277(18,4) 23(1,5) 77(5,1) 1.505(100)
1955
1.259(48,6) 983(38) 240(9,3) 27(1) 80(3,1) 2.589(100)
1956
886(45,9) 810(41,9) 147(7,6) 21(1,1) 67(3,5) 1.931(100)
1957
666(43,4) 667(43,5) 115(7,5) 17(1,1) 68(4,4) 1.533(100)
1958
448(40,8) 435(39,7) 111(10,1) 16(1,5) 87(7,9) 1.097(100)
TOTALES
7.846(50,7) 5.255(33,9) 1.654(10,7) 182(1,17) 541(3,5) 15.478(100)
Esta tabla nos permite hacer algunas interpretaciones. En primer lugar, que en 1946 se diera el mayor porcentaje de profesiones liberales de todo el período puede explicarse por el exilio español. De lo que también podemos darnos cuenta es que si el 62,7% de los emigrados en 1951 declaran ser agricultores, esta cifra va bajando progresivamente a favor de los que se declaran dedicados a la industria, que iguala en porcentaje a los primeros en 1957. Si en los primeros años de la tabla el comercio representa un elevado porcentaje, superando para esos tres primeros años incluso a los trabajadores industriales, decrece para luego recuperarse en los primeros años de los 50 y volviendo a decrecer poco a poco.
La apertura del gobierno uruguayo a nuevos inmigrantes estaba basada en la necesidad de personas semicualificadas para el trabajo técnico e industrial, reparadores, personal de servicios y pequeño comercio, etc. Ya no se precisaban campesinos europeos como en épocas anteriores. En general, aquellos procedentes de áreas urbanas sí tenían alguna experiencia como obreros semicualificados. Pero no es el caso de la mayoría de origen rural, entre los que se encontraba la mayoría de los gallegos. ¿Cómo salvaron este desajuste entre capacitación en origen y exigencias del nuevo mercado de trabajo al que acudían? El migrante necesitaba un patrocinador, normalmente un paisano o un familiar, que le proveyera de una carta de llamada aceptando dar cobijo y ayuda al recién llegado hasta que se situase laboralmente, responsabilizándose de él. Y lo que hacían éstos era escamotear la profesión original del demandante, consignando en los impresos de inmigración una profesión más acorde con el perfil ocupacional que las autoridades uruguayas exigían. No era difícil reclamarlos como artesanos, reparadores, ayudantes de comercio, trabajadores industriales o de servicios, a pesar de no tener ninguna experiencia de tal tipo.
La mayoría de esta población estaba compuesta de hombres activos, en edad de trabajar. Sin embargo, en contraste con las oleadas migratorias del primer tercio de siglo, se encuentran también muchas mujeres como parte de procesos de reunificación familiar, al llamado de maridos o incluso padres o hermanos que emigraron antes. No hay que olvidar que la reagrupación familiar estaba en la base del establecimiento permanente de inmigrantes en las políticas de ocupación del vasto territorio uruguayo. Algunas mujeres trabajaron como niñeras, criadas, limpiadoras, lavanderas, encontrando trabajo habitualmente a través de conexiones interétnicas. En general, los niveles de alfabetización eran indudablemente más altos que aquellas generaciones que les precedieron durante las primeras décadas de siglo, evolucionando favorablemente para todos los emigrantes españoles a Latinoamérica a lo largo de los 50. Casi todos viajaron por barco y todos nuestros informantes tenían muy vivos recuerdos sobre el viaje, su llegada al país, las fechas bien grabadas en la memoria, y las primeras experiencias, incluyendo su sorpresa ante la inversión de las estaciones en comparación con el hemisferio septentrional.
Prácticamente la totalidad se ubica en la capital, Montevideo, lugar donde ya estaban asentados la mayoría de los que llegaron antes de 1930 y donde se genera gran parte de los empleos que los nuevos emigrantes van a ocupar. El asentamiento para estos recién llegados no fue difícil, en la medida en que, como hemos dicho, tenían un contacto, un familiar, un paisano que los acogiese, les diera comida y cobijo o incluso les encontrara trabajo pronto o los empleara en su propio negocio. La existencia de una nutrida y activa red de organizaciones de ayuda, como las ’sociedades de socorros mutuos’ y otras organizaciones colectivas étnicas, fueron decisivas en la no traumática instalación de estos nuevos migrantes.
RESIDENTES ESPAÑOLES EN URUGUAY (1995-2002)
AÑOS NÚMERO
1995 102.584
1996 105.051
1997 107.500
1998 84.224
1999 84.854
2000 70.000
2001 52.353
2002 43.693
CENSO ELECTORAL
El Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA) para las elecciones del 14 de marzo de 2004, se cerró con 1.091.813. En Argentina constan 202.574 inscriptos, en Uruguay 35.980, en Paraguay 1428, en Francia 166.437, Venezuela 100.045, Alemania 88.264, Suiza 76.598, Brasil 51.096, Reino Unido 46.253, México 43.335, Estados Unidos 42.546, Bélgica 36.306.
Extraído de: Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales
Secretaria de Estado de Inmigración y Emigración





























